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LA ESTRATEGIA DE LA LIBERTAD PARA VENEZUELA
Por Alexis Ortiz.
Los venezolanos haríamos bien en no engolosinarnos con el magnifico triunfo del 2 de diciembre pasado. En verdad ese día derrotamos a Chávez pero, sobre todo, a una proposición inviable del teniente coronel golpista. Tan inviable y nefasta que la mitad de sus seguidores la rechazó.
Ahora debemos evitar las salidas fáciles y/o cortoplacistas, como esa de una Asamblea Constituyente, que podría por una carambola de tres bandas, terminar abriéndole el camino a Chávez para lograr la posibilidad de una nueva reelección. Con tanto poder político, económico y represivo como el que aún concentra Chávez, no es sensato pensar que vamos a salir de él antes de su hora. Paciencia y perseverancia son dos buenos aliados en este momentos Tenemos que insistir en lo evidente: hay que seguir derrotando al caudillo neocomunista paso a paso y en cada escenario que se presente. El próximo es el de las elecciones de gobernadores y alcaldes.
Es odioso tener que reiterarlo, pero no es cierto que Chávez tenga los días contados ni que sea un asunto de meses su salida del gobierno, como me aseguró un amigo querido, inteligente y bien intencionado, pero de alguna manera encandilado por el resultado de diciembre, desmejorado por la rabia, estimulado por los repetidos errores del régimen e informado del deterioro de la situación económica del país.
Para la venidera contienda electoral la unidad de la oposición es la palabra de orden. Esa unidad no debe depender de la buena voluntad de los líderes políticos, empresariales, sindicales y de los medios de comunicación, sino preferiblemente de la decisión de los ciudadanos democráticos. Creemos que el método cierto para garantizar candidatos unitarios de la oposición a gobernadores y alcaldes, es sobre todo allá donde se complique el consenso, el de elecciones primarias que trasladen al pueblo la responsabilidad de escoger sus abanderados.
Pero no basta con tener candidatos unitarios producto de la voluntad popular y no de trucos politiqueros y/o mediáticos, es indispensable también tener un programa para el país que vaya más allá de la necesaria denuncia de los desmanes de Chávez. Un verdadero programa alternativo al chavismo. Ese programa desde luego debe reivindicar en lo político la Democracia (división e independencia de los de poderes, alternabilidad, pluralismo, imperio de la ley, participación ciudadana, respeto a los derechos humanos y señaladamente la libertad de expresión, seguridad jurídica, transparencia electoral, …) y en lo económico el libre comercio(competencia, privatización, inserción en el proceso global, libre empresa…).
Pero el programa tiene que incluir políticas concretas para enfrentar los problemas sentidos que desenmascaran el fracaso de Chávez: crecimiento de la pobreza, del desabastecimiento, la inseguridad, el déficit habitacional, los males de la salud y de la escuela y el desenfreno de la corrupción. Y desde luego debe ser un programa que formule esperanzas de rango histórico, como las que enarbolan Emeterio Gómez con su Capitalismo Solidario y Gerver Torres con Un Sueño para Venezuela. Por eso el programa tiene que ser de factura colectiva, es decir elaborado por especialistas pero discutido masivamente con el pueblo.
Jalexisortiz4@hotmail.com
LUIZ INACIO LULA DA CHAVEZ
Por Alexis Ortiz.
Después de varias dècadas bregando infructuosamente en la oposición, Luiz Inàcio Da Silva, vulgo Lula, entendiò que si seguìa aferrado al socialismo desteñido no iba a llegar a ninguna parte. Se percato de que, como dijo Montaner: “La revoluciòn hoy se hace a favor del mercado, no en su contra”. Entonces Lula llegò al gobierno por fin. Se fue alejando de los calenturientos del Foro de Sao Paulo y otros reaccionarios; se ungiò de modernidad y siguió rigurosamente el diseño estratègico de democracia, privatizaciòn, libertad de comercio e inserción en la economía global, señalado por otro convertido inteligente: Fernando Henrique Cardoso. Por eso entre la manera de gobernar de Lula y la de su delirante socio Hugo Chàvez, podemos encontrar diferencias. Lula estimula la libre empresa y sabanea las inversiones extranjeras; Chàvez cree que el estado lo es Todo y el estado es El; Lula respeta a la oposición y a los derechos de los ciudadanos; para Chàvez la oposición es un incordio al cual hay que arrasar y sòlo tienen derechos los que le son incondicionales; Lula permite que investiguen la corrupción de su gobierno; Chàvez piensa que èl es el dueño de la hacienda pùblica, por eso su corrupción es sacrosanta. Lula evita inmiscuirse en los asuntos internos de las demàs naciones; Chàvez es un insufrible entrometido que ha trocado en una especie de mantenidos suyo a Evo Morales, Ollanta Humala, Rafael Correa, Lòpez Obrador, Piedad Còrdoba, Cristina Kirhner y Daniel Ortega, entre otros; Lula cree que el MERCOSUR es una entidad de integración econòmica suramericana y para mejorar los negocios con el mundo; Chàvez se propone hacer del MERCOSUR una tribuna polìtica incendiaria; Chàvez insulta a, se financia de y le compra copiosamente a los Estados Unidos; Lula cuida como a una niña bonita su relaciòn con los norteamericanos. Por las vìas del diàlogo y la negociaciòn, Lula procura una silla permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Chàvez perdiò un puesto rotativo en el mismo Consejo, porque intentò conseguirlo comprando votos e insultando a los que se negaron a venderse. Uno podrìa preguntarse entonces: ¿Por què Lula defiende a Chàvez? ¿Por què ha llegado hasta presentarse en plena campaña electoral venezolana a decir lindezas de Chàvez? ¿Què lo ha conducido a maltratar a la oposición democràtica de nuestro paìs e identificarse con el manirroto autoritarismo chavista? Y ese es el problema con este tipo de dirigentes que cambian de uniforme, no por conviciòn sino por conveniencias. Para preservar su gobierno y legitimar su ambición, Lula derivò del socialismo obrerista a un nacionalismo pragmàtico e ideològicamente ramplón. Ahora para èl todo lo que favorece el interès brasilero es bueno y lo demàs inmoral. O sea el Maquiavelo de El Príncipe mullido en Planalto e Itamaratì. Lula està con Chàvez para proteger el creciente comercio de Brasil con Venezuela (las importaciones venezolanas alcanzaron los 3800 millones de dòlares entre enero y octubre de 2007, un incremento del 29% con respecto al mismo perìodo del año anterior; por el contrario, las ventas nuestras a Brasil bajaron en ese lapso en un 44%). Lula tambièn quiere acceso al petróleo venezolano y apadrina a las empresas brasileras que con ventajismo y sin licitaciones, construyen obras pùblicas de gran calado en Venezuela. Lula en el fondo desprecia la megalomanìa y el derroche de Chàvez, pero se aprovecha de ese despilfarro. Y ademàs, mientras mantiene
contento al caudillo del socialismo del siglo XXI, este le garantiza que la izquierda brasilera del Foro de Sao Paulo, financiado por Chàvez, le dejarà la vida en paz a Lula. Lula es hoy en dìa un pragmàtico que proclama sin rubor su amistad con Chàvez, los Castro, los chinos y George Bush. El lo hace por un nacionalismo que prescinde de la ètica pero a la democracia venezolana le hace daño. Por eso no vacilamos en llamarlo Luiz Inàcio Lula Da Chàvez.
jalexisortiz@hotmail.com
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